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Muchos caseros que tienen viviendas alquiladas con renta antigua y cuyos contratos son prácticamente vitalicios han optado por venderlos con el inquilino dentro, es lo que se conoce como ‘vender piso con bicho’. Esto pasa en las principales ciudades españolas como apunta El Correo Digital que se centra en el caso de Bilbao pero que se puede aplicar también a Barcelona, Madrid o Valencia.
En el artículo Vendo piso con ‘bicho’ se explica que todos los contratos de alquiler que se hayan firmado antes del 9 de mayo de 1985 están sujetos al régimen de prórroga forzosa. El dueño de la vivienda sólo puede desalojar a los inquilinos si la quiere para él mismo y no tiene otra; si demuestra que el ocupante la subarrienda, no vive en ella o posee otra, o si el inquilino no paga o daña intencionadamente el inmueble. La realización de obras sin el permiso o conocimiento del titular de la casa también conlleva la anulación del contrato.
La opción de vender el piso con el inquilino dentro es la única salida que ven muchos propietarios de pisos. “Mucha gente necesita vender el piso, por temas de herencias o porque necesita el dinero rápidamente, así que lo saca al mercado con ‘la carga’’”, confirman a El Correo Digital en la Asociación de Propietarios de Vivienda (Adeprovi). Pero el precio de venta es muy inferior al de mercado. “El último caso que hemos tenido era una vivienda valorada en algo más de 900.000 euros. Con ‘bicho’ se vendió por 421.500”, detalla la asociación. Hay auténticos ‘chollos’. Claro que quienes las compran saben perfectamente que no podrán disponer del espacio hasta que se vaya el inquilino.
”Los compradores no suelen ser particulares, sino empresas que se dedican a reformar edificios”, apunta una inmobiliaria del Casco Viejo de Bilbao. Aunque también hay particulares. Se trata “de gente que los adquiere como inversión a largo plazo”, puntualiza Adeprovi. Con suerte el ‘bicho’ seguirá en las mismas condiciones que con el anterior casero. Pero también puede sufrir el temido ‘mobbing’ inmobiliario y abandonar la casa por la presión recibida.
Los inquilinos que habitan estos pisos suelen ser ancianos y poseen, en general, contratos de alquiler de renta antigua, con lo que pagan a sus propietarios cantidades bajas con respecto a la media del mercado.
Debido a ese pequeño inconveniente, el precio de venta de este tipo de inmuebles con bicho (como se dice de forma peyorativa en el argot inmobiliario) es inferior a la media del mercado, llegando a alcanzar en ocasiones la mitad de lo que costaría una vivienda en la misma zona.
Pero lo dicho, sólo tienen un pega, se compraría con un arrendatario de avanzada edad con contrato de alquiler indefinido sin subrogación. Es decir, no se puede sustituir al inquilino ni desahuciarlo si cumple religiosamente con el pago de su renta. Aunque suene cruel, en estos casos al propietario sólo le cabe esperar a que fallezca su huésped para poder ocupar su casa.
Fuente: enalquiler.com
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